¿Qué es la obesidad?

 

Según la Organización Mundial de la Salud, el criterio para determinar si una persona presenta obesidad es el Índice de Masa Corporal (IMC), en el que se tienen en cuenta dos variables: los kilos de peso y la altura de la persona (IMC= Kg/altura2).

Si el resultado de esta división es igual o superior a 30 puntos, se determina que hay presencia de obesidad.

Ahora bien, el IMC tiene algunas limitaciones. Algunas de ellas, tienen que ver con la falta de información y confusión que de esa división pueden aparecer:

• Una persona que se dedica profesionalmente al mundo del culturismo podría englobarse, según IMC, como una persona con obesidad (ya que el peso será elevado a causa del volumen de masa muscular).

• Se asocia necesariamente un determinado IMC con la presencia de otras enfermedades, cuando esto no es una realidad exacta: hay personas con un IMC superior a 25 (lo establecido como normopeso), con parámetros saludables (sin problemas de diabetes, hipertensión u otros).

• Es un índice que, en la actualidad, podemos considerar obsoleto: se creó en el siglo XIX y la corporalidad varía en función de las generaciones.

 

Causas

El sobrepeso y la obesidad tienen un origen multifactorial en el que intervienen diferentes variables: biológicas, sociales, psicológicas y ambientales.

La genética y nuestro estilo de vida (pautas de alimentación y ejercicio físico – hábitos) juegan un papel esencial, pero no son los únicos responsables implicados en el peso: no debemos olvidar la importancia de los factores psicológicos, que pueden influir tanto en la aparición como en el mantenimiento de los mismos.

Detrás lo que se denomina sobrepeso u obesidad pueden encontrarse alteraciones o trastornos psicológicos como el Trastorno por Atracón, el síndrome de ingesta nocturna de alimentos o dificultades emocionales como depresión o ansiedad.

Sintomatología

No todas las personas que presentan cuerpos “no normativos” (con IMC superior a 25) experimentan los síntomas que a continuación se enumeran.

Factores como la edad, la rapidez en la ganancia de peso o el número de intentos previos realizados para perder peso, aumentan la probabilidad de que la persona experimente:

Síntomas cognitivos

  • Rechazo hacia el propio cuerpo
  • Dificultades para diferenciar las señales de hambre y saciedad
  • Limitaciones para distinguir el hambre de otras sensaciones

Síntomas emocionales

  • Bajo estado de ánimo – depresión
  • Ausencia de motivación
  • Frustración
  • Ansiedad
  • Baja autoestima

Síntomas conductuales

  • Evitación de lugares o situaciones que impliquen comer en público
  • Aislamiento social, se limitan las situaciones o lugares sociales
  • Dificultades en las relaciones íntimas

Si tu cuerpo o tu peso limitan tu vida, no dudes pedir ayuda: nunca es tarde para empezar a cuidarse.

¿Cómo puede ayudarte LA psicOlogÍA?

Una gran parte de las personas que rechazan su corporalidad, llevan a sus espaldas una larga historia de dietas en su vida.

Sin embargo, si nos centramos únicamente en “seguir una dieta”, es muy posible que los resultados conseguidos no se mantengan a largo plazo e incluso que aparezca el temido “efecto rebote” (llegando a alcanzar un peso incluso mayor que al inicial). Este hecho genera una desmotivación y una frustración que configura un círculo vicioso del que no es fácil salir.

Para reconciliarte con tu cuerpo (y/o con la comida) es necesario ampliar el enfoque más allá del aspecto estrictamente nutricional, por lo que el principal objetivo desde el punto de vista psicológico es generar un cambio a nivel global.

Por otro lado, no es infrecuente que la comida se utilice como estrategia de regulación emocional. Es por ello que resulta imprescindible adquirir otros recursos más adecuados y menos perjudiciales para combatir la ansiedad o el estrés, evitando así que el problema reaparezca en el futuro.

Tratamiento

Algunos de los objetivos de la terapia se centran en:

  • Comprender el funcionamiento del organismo y sus necesidades, así como la influencia entre pensamiento – emoción y conducta de ingesta.
  • Identificar las situaciones en las que se come por necesidad fisiológica de aquellas en las que se come por otras razones (aburrimiento, soledad, ansiedad…)
  • Desarrollar técnicas de gestión emocional 
  • Coaching: fortalecer y mantener la motivación durante el proceso
  • Terapia de remediación cognitiva para mantener el cambio de hábitos a largo plazo