Las situaciones o razones para considerar la necesidad de acudir a un psicólogo pueden ser muy diversas, aunque generalmente se solicita ayuda cuando hay algún aspecto de la vida con el que no se está plenamente satisfecho y al que no se consigue dar solución por uno mismo.

Bajo ciertas circunstancias, todos podemos experimentar miedo, tristeza, inseguridad…

Sin embargo, cuando estas situaciones dejan de ser puntuales y dicha sintomatología se repite o prolonga en el tiempo, puede producir malestar e incluso llegar a limitar la vida de la persona.

Quizá experimentes dificultades para manejar tus emociones (episodios de ira descontrolada, incapacidad para expresar emociones o necesidades…)

Es posible que presentes bloqueos o sobrecarga cognitiva que se manifiestan en dificultades a la hora de resolver situaciones, problemas de concentración, indecisión continua o dificultades para conciliar/ mantener el sueño.

Puede que hayas tomado la decisión de realizar un cambio de hábitos pero no sepas cómo conseguir mantenerlo a largo plazo.

Incluso puede que sientas que eres incapaz de encontrar la explicación de tu malestar.

También cabe la posibilidad de solicitar asesoramiento o terapia psicológica con el fin de  desarrollar o fortalecer habilidades y capacidades para  incrementar el rendimiento laboral e incluso favorecer el crecimiento personal.

Sea cual sea tu caso, no hay que olvidar que tomar la decisión de solicitar ayuda no es una muestra de debilidad.

Psicología y Psiquiatría son dos disciplinas distintas, aunque con un objetivo común: ambas comparten su interés en la salud mental de los individuos, por lo que en ocasiones, pueden servirse una a otra de forma complementaria.

La Psiquiatría es una especialidad médica basada en los procesos biológicos que subyacen a determinada patología, por lo que la terapia principal será la farmacológica (medicación).

La Psicología por su parte, está basada en los procesos mentales, emocionales y conductuales o del comportamiento que, en este caso, causan malestar o dificultan la vida de la persona.

Incluso en el caso de recibir tratamiento farmacológico para mitigar determinada sintomatología, el tratamiento psicológico resulta de vital importancia: dotar a la persona de herramientas y recursos para que, llegado el momento de la retirada de la medicación, dichos síntomas no reaparezcan, y en caso de hacerlo, disponer de estrategias con las que poder hacerle frente.

Generalmente, las dos primeras sesiones corresponden a lo que denominamos “evaluación”: analizar en profundidad la situación actual en la que se encuentra la persona  (motivo de consulta, grado de malestar e interferencia y establecimiento de objetivos).

A partir de este momento, en las sesiones se trabajarán aquellos pensamientos, emociones o conductas que están causando o manteniendo el malestar mediante técnicas específicas y ejercicios concretos que pueden complementarse con lecturas o tareas terapéuticas.

Conviene destacar que el tiempo que transcurre entre sesiones es de gran importancia, puesto que la persona puede poner en práctica en situaciones reales todo lo que se ha trabajado en la sesión.

La duración del proceso va a verse influida por tres variables: naturaleza del problema, trayectoria del mismo (edad a la que apareció, tiempo transcurrido desde el inicio hasta el momento de tratamiento, grado de evitación/restricción de actividades…) y, lo más importante, la propia persona.

De este modo, la duración de la terapia variara para respetar los ritmos y necesidades de cada persona, aunque alrededor de los 3 meses se debe experimentar cierta mejoría (que corresponderían a un mínimo de 6 sesiones de tratamiento).

Toda la información, tanto verbal como escrita, que se recoja en las sesiones está sujeta al Código Deontológico que regula el ejercicio de la profesión por el que se tiene no solo el deber, sino también el derecho a mantener el secreto profesional.

Dicha información única y exclusivamente podría ser compartida con el consentimiento expreso y por escrito de la persona.

El pago de las sesiones presenciales puede realizarse en cualquiera de las siguientes modalidades: efectivo, tarjeta o mediante transferencia bancaria, siempre con anterioridad al inicio de la sesión.

En cuanto a las sesiones online, el abono de las mismas debe realizarse con un mínimo de 24h de antelación mediante transferencia bancaria, ya que en caso contrario se daría por anulada la sesión.

Para conocer los honorarios y tarifas especiales puedes contactar conmigo a través del formulario o escribirme.

Si te encuentras en alguna de estas circunstancias, puedes beneficiarte de una tarifa reducida con un 20% de descuento en las consultas presenciales:

  • Personas en situación de desempleo
  • Pensionistas jubilados
  • Personas con certificado de invalidez o discapacidad reconocida

Fomentando el bienestar emocional: Porque todos deberíamos poder acceder a este  recurso cuando lo necesitamos.