Las situaciones o razones para considerar la necesidad de acudir a un psicólogo pueden ser muy diversas, aunque generalmente se solicita ayuda cuando hay algún aspecto de la vida con el que no se está plenamente satisfecho y al que no se consigue dar solución por medios propios.

A lo largo de la vida toda persona puede atravesar dificultades y, bajo ciertas circunstancias, experimentar emociones y situaciones que generan malestar. Sin embargo, cuando el malestar deja de ser puntual y se repite o prolonga en el tiempo, puede llegar a limitar la vida de la persona.

Sea cual sea tu caso, si tus comportamientos, emociones o pensamientos están limitando tu vida, ten presente que tomar la decisión de solicitar ayuda es una muestra de responsabilidad personal y autocuidado.

Psicología y Psiquiatría son dos disciplinas distintas, aunque con un objetivo común: ambas comparten su interés en la salud mental de los individuos, por lo que en ocasiones, pueden servirse una a otra de forma complementaria.

La Psiquiatría es una especialidad médica basada en los procesos biológicos que subyacen a determinada patología, por lo que la terapia principal será la farmacológica (medicación).

La Psicología por su parte, está basada en los procesos mentales, emocionales y conductuales o del comportamiento que, en este caso, causan malestar o dificultan la vida de la persona.

Incluso en el caso de recibir tratamiento farmacológico, el tratamiento psicológico resulta de vital importancia: dotar a la persona de herramientas y recursos para que, llegado el momento de la retirada de la medicación, dichos síntomas no reaparezcan, y en caso de hacerlo, disponer de estrategias con las que poder hacerle frente.

Generalmente, las dos primeras sesiones corresponden a lo que denominamos “evaluación”: analizar en profundidad la situación actual en la que se encuentra la persona  (motivo de consulta, grado de malestar e interferencia y establecimiento de objetivos).

Una vez realizado este primer análisis, se establecen una serie de objetivos terapéuticos a alcanzar.
A partir de este momento, en las sesiones se trabajarán aquellos pensamientos, emociones o conductas que están causando o manteniendo el malestar mediante técnicas específicas y ejercicios concretos que pueden complementarse con lecturas o tareas terapéuticas.

Conviene destacar que el tiempo que transcurre entre sesiones es de gran importancia, puesto que la persona puede poner en práctica en situaciones reales todo lo que se ha trabajado en la sesión.

La duración del proceso va a verse influida por tres variables: naturaleza del problema, trayectoria del mismo (edad a la que apareció, tiempo transcurrido desde el inicio hasta el momento de tratamiento, grado de evitación/restricción de actividades…) y, lo más importante, la propia persona.

De este modo, la duración de la terapia variara para respetar los ritmos y necesidades de cada persona, aunque alrededor de los 3 meses se debe experimentar cierta mejoría (que corresponderían a un mínimo de 6 sesiones de tratamiento).

Tanto las visitas presenciales como las consultas online tienen la misma duración y se emplean las mismas estrategias y recursos terapéuticos, por lo que las tarifas no varían en función de la modalidad escogida.

La tarifa de la primera consulta es de 65€ y tiene una duración aproximada de una hora.
En ella exploramos el motivo de consulta, se plantean los objetivos a alcanzar y el proceso terapéutico a realizar.

Las consultas sucesivas tienen una duración de 60 minutos y se dedican a implementar herramientas y recursos para alcanzar la meta planteada. La tarifa para cada una de las visitas sucesivas es de 60€.

Es importante destacar que, para garantizar la sesión es necesario efectuar el pago de la misma con antelación independientemente de la modalidad escogida.

Nota: No se realizan colaboraciones con mutuas aunque algunas de ellas, dependiendo del tipo de seguro contratado, pueden hacerse cargo de parte del importe de la visita o incluso de su totalidad al presentar factura.

Toda la información, tanto verbal como escrita, que se recoja en las sesiones está sujeta al Código Deontológico que regula el ejercicio de la profesión por el que se tiene no solo el deber, sino también el derecho a mantener el secreto profesional.

Dicha información únicamente podría ser compartida con el consentimiento expreso y por escrito del paciente o bien en caso de que la que persona pueda estar atravesando una situación de riesgo en la que pueda ser peligrosa para ella misma u otras personas.