La situación excepcional generada por la presencia y el impacto del Coronavirus (Covid-19), ha provocado múltiples cambios en el área personal, familiar, social y laboral.

El estado de alarma ha supuesto, en muchos casos, la necesidad de paralizar por completo la vida que hasta ahora conocíamos.

Durante este periodo, la incertidumbre ante un enemigo invisible y desconocido, el miedo, la preocupación  y la ansiedad derivados de la amenaza que pudiera representar y sus consecuencias, la tristeza ante la inevitable pérdida (de contacto, libertad e incluso de allegados y personas queridas), la indefensión ante la imposibilidad o la dificultad para contribuir a la resolución directa de la situación e incluso el enfado por considerar (acertadamente o no) que los hechos podrían haberse gestionado y desarrollado de otra manera, se convirtieron en acompañantes silenciosos durante semanas.

Todas estas circunstancias, sumadas al aislamiento prolongado, pueden dejar secuelas, contribuyendo a la aparición de síntomas psicológicos e incluso agravando patologías previas existentes.

De este modo,  la ansiada desescalada y por consiguiente, la vuelta a la “nueva normalidad” puede verse truncada por la presencia de:

PROBLEMAS DE ANSIEDAD

Aparición de sintomatología ansiosa (taquicardia, opresión o malestar torácico, sensación de ahogo o falta de aliento, bloqueo cognitivo…) en relación a:

  • Encontrarse en espacios con mucha gente o al interactuar con personas desconocidas, que en algunos casos, podría generar la continuidad del aislamiento
  • Preocupación, dudas constantes y pensamientos negativos recurrentes sobre el futuro respecto a la salud, la economía, el trabajo o las relaciones, que generan un malestar excesivo.

ALTERACIONES DEL SUEÑO

  • Insomnio: problemas para conciliar y/o mantener el sueño, sensación de no haber tenido un descanso reparador.
  • Pesadillas frecuentes cuyo contenido se recuerda al despertar.
  • Terrores nocturnos: episodios de agitación y miedo intenso durante el sueño que provoca despertares bruscos durante la noche, acompañados de amnesia del episodio.

ALTERACIONES DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA

  • Presencia de atracones: Episodios en los que se da una gran ingesta de alimento en un breve periodo de tiempo, acompañado de la sensación de pérdida de control
  • Utilización de estrategias compensatorias dirigidas a mantener el peso (ayuno prolongado, ejercicio físico intenso, recurrir al vómito o a laxantes/diuréticos/enemas)
  • Conducta de picoteo constante, incluso en ausencia de sensación de hambre
  • Reducción importante del apetito y la ingesta como consecuencia del malestar psicológico y emocional.

ALTERACIONES EMOCIONALES

  • Miedo, ansiedad, inseguridad
  • Tristeza recurrente, irritabilidad
  • Sensación de apatía, desmotivación
  • Sentimientos de vacío y soledad incluso estando en compañía.

DUELO

El hecho de no de poder acompañar a los afectados ni durante el proceso de la enfermedad ni en el momento de su muerte, unido a la imposibilidad de realizar un acto simbólico de despedida a la persona querida, hace más difícil elaborar y sobrellevar el proceso de duelo.

ESTRÉS

Especialmente presente en los momentos iniciales de reincorporación laboral, añadiéndose en algunos casos la dificultad para conciliar trabajo y familia (al encontrarse los más pequeños en casa) experimentando sobrecarga,  sensación de demanda excesiva y presión.

ESTRÉS POSTRAUMÁTICO

Relevante en aquellas personas expuestas a los efectos directos del virus (médicos, enfermeras, auxiliares y en general, personal sanitario).

Aparición de sintomatología relacionada con el acontecimiento traumático:

    • Reexperimentación persistente del suceso a través de:
      • Recuerdos recurrentes (imágenes, pensamientos o percepciones)
      • Pesadillas
      • Flashbacks – sensación de revivir ciertas situaciones
      • Malestar intenso al exponerse a situaciones o estímulos que recuerdan o simbolizan un aspecto importante del suceso y que pueden asociarse a respuestas fisiológicas de ansiedad.
    • Evitación persistente de estímulos asociados al trauma:
      • Pensamientos, sentimientos, conversaciones
      • Lugares, actividades o personas
      • Incapacidad para recordar elementos del acontecimiento o situaciones relacionadas
    • Hiperreactivación
      • Trastornos del sueño, insomnio
      • Irritabilidad o ataques de ira
      • Dificultades para concentrarse
      • Hipervigilancia y respuestas exageradas de sobresalto

Si te sientes identificado y consideras que a pesar de tus esfuerzos, el malestar persiste, solicita ayuda profesional.